Miss belleza porno

Salí del trabajo con paso ligero pero al llegar a la tienda ralenticé mi marcha. Sabía que era una tontería avergonzarse por entrar allí, pero no podía evitarlo. Miré a mi alrededor antes de entrar, deseando que nadie conocido me viera. El local era pequeño y algo oscuro, incluso yo lo describiría como tenebroso. Un hombre alto y desgarbado con lentes redondas y cabello largo y despeinado repasaba un libro en el que iba haciendo anotaciones con un bolígrafo. Saludé intentando demostrar seguridad y dominio de la situación y me puse a curiosear de forma acelerada todos los productos que había en los estantes. Al llegar a la zona de los consoladores paré en seco. Ese era el objetivo de mi visita. La variedad de nabos siliconados era infinita y no sabía cuál de ellos regalarme: ¿el grande o el gigante? ¿El de grosor mediano tipo zanahoria o similar al calabacín? ¿A pilas o manual? Todos me resultaban muy apetecibles, en la vida había tenido un cacharro semejante así que me decidí por uno supuestamente estándar: 22 de largo por dos y medio de ancho, era vibrador y estimulador del clítoris, muy completo.

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