Estaba tan concentrada en la labor que sin querer resbalé con las miles de hojas caídas por el otoño. Tras las lluvias de días anteriores se había formado una especie de masa marrón con vida propia y caí lamentablemente al suelo. Denunciaría al Ayuntamiento por su dejadez en los servicios de limpieza. Mi bolsa salió despedida por los aires, haciendo aterrizar a mi flamante vibrador en medio de la acera a expensas de la vista de todo el mundo. El viento hizo volar la bolsa mientras yo me incorporaba del suelo e intentaba rescatar mi fuente de futuros placeres. Pero llegué tarde, alguien se había adelantado y cogido mi tesoro. No podía tener peor suerte, pues había sido mi vecino de al lado, Andrés, el agraciado con el premio pasando casualmente por allí.

0 comentarios:
Publicar un comentario