Su cara era un poema. A pesar del frío que entraba procedente del portal, tenía el rostro lleno de gotas de sudor, su cuerpo temblaba y estaba tremendamente pálido. Realmente me asusté.
-Pero ¿qué te ha pasado?
-No lo sé, me he empezado a encontrar mal después de cenar y ahora no soy capaz ni de conducir. ¿Me podrías llevar en tu coche al hospital?
-Claro pasa, enseguida me visto y te acompaño.
Me puse lo primero que encontré en mi habitación: la ropa del día anterior: unos pantalones y una blusa. Por un día no pasaba nada que me olvidara de mi ropa interior.
-¿Tienes algo para ponerte Andrés? Hace un frío de muerte en la calle como para que vayas de esa guisa.

0 comentarios:
Publicar un comentario