Tenía un banquete de Rey por cuerpo, me fascinó comérmelo completo a besos, después bajé a su cuello precioso que me encantó recorrerlo una y otra vez, luego lentamente seguí bajando, por Dios, que pechos tan voluptuosos, rosaditos, redondos y candentes, como para disfrutarlos toda una noche y no cansarse, ya con mis caricias y besos comenzaba a gemir, entonces bajé mas y mas, hasta que alcancé su preciosa conchita, lo mas bello que he visto en el mundo, un manjar delicioso, al cual hice una maravilla de sexo oral de tal modo que gritaba como poseída y se corrió tan sólo con mi legua juguetona, entonces me dijo:
- Ahora es mi turno, recuéstate boca arriba