joven metiendo pene en el culo a chica caliente

Entré en su casa para devolverle el libro que me había dejado. Teníamos ciertos intereses y aspectos en común, la apreciaba, pero su inocencia y credulidad me descomponían. El olor del incienso penetró a través de mi nariz al hacer los primeros pasos en el interior del piso. Entramos en el acogedor salón iluminado, como siempre, con flameantes velas. Me dejé caer despreocupadamente sobre los cojines que había desparramados por la alfombra, mientras ella iba a la cocina.

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