Entonces, al cliente lo que pida, le arremetí con tanta fuerza que casi me rompe los tímpanos con sus gritos, sudaba y gemía tanto que parecía que taladraríamos con la cama hasta la recepción, madre mía, que hasta los edificios de al lado sentía sus miradas, pues que le están haciendo, me parecía escuchar, pero nada me importaba, yo seguía y seguía, mis gemidos se mezclaban con los de ella y de repente, cuando menos lo esperábamos el ave de fuego del placer nos abatió a los 2 con una fuerza descomunal, que nos dejó rendidos, me puse al lado de ella para descansar

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