Unos golpes en la puerta me despertaron inesperadamente. El timbre sonaba imperativo y me asusté. Miré la hora: ¡Las tres de la mañana! Si era Manolo de nuevo con cara de pena lo asesinaría lentamente. Me puse el albornoz de mala gana y miré por la mirilla: era Andrés, mi vecino.
-Ninetta, ¿me puedes ayudar? –Dijo mi vecino siquiera antes de abrir.
-Ya voy, espera.
Abrí la puerta y le miré de arriba abajo. Iba descalzo y con unos boxers como único atuendo. Apoyaba una mano sobre la pared mientras con la otra se agarraba la barriga, con un gesto de profundo sufrimiento.
-Me encuentro fatal. Siento un terrible dolor en el estómago y me he desmayado dos veces.

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