Follando a la madre y la hija

La posesión que había hecho de mí ese verdulero me hacía sospechar que yo había buscado y encontrado que un hombre me amara de esa manera: partiéndome a pijazos, insultándome, buscando de mí la sumisión que suele alojarse en los pensamientos calientes de las amas de casa aburridas.
Desde esa aventura pasaron años, otros hombres me dieron sus pitos hasta que hace 5 meses una mañana de Invierno mi marido sospechando de mi comportamiento se quedó escondido en el patio de casa y apareció en la cocina para sorprenderme en 4 patas con un vecino resoplando a mis espaldas.

0 comentarios:

Publicar un comentario