Puta de hace una rica paja

Llegamos a mi casa y sin pedirme permiso entró atrás de mi, sabiendo que la casa estaba vacía, como de costumbre a esa hora.
A penas cruzamos el patio y entramos a mi casa cuando me giró 180 grados y me abrazó mientras me besaba y me pasaba sus manos como pulpo por todo el cuerpo. Yo estaba excitadísima así que le correspondí acariciándolo y besándolo. Los dos habíamos sudado mucho, así que su boca sabía amargamente salada. Supongo que la mía igual, por lo que no dije nada.
Enfrascados en el intercambio de caricias fuimos adentrándonos en la casa. Éramos unos animales en celo.

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