En un instante me giró sobre el sillón y me empezó a penetrar con pasión de espaldas hasta que terminó sin avisarme dentro de mí.
Yo seguía caliente pero muy satisfecha con la experiencia. Los dos sudábamos a mares después de aquello por lo que nos metimos a bañar juntos. Era la primera vez, desde que me casé, que un hombre distinto a mi marido me tenía desnuda en mi baño.
Él estuvo excitado todo el tiempo, con el pene erecto pero no me penetró mientras nos bañamos, al contrario, se portó amoroso y me talló con sus manos el cuerpo.

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